Nos sumergimos este mes en la Semana de la Novela Negra de Palma de Mallorca. En su refugio, el Café_librería Literanta, salieron a flote temas tan dispares, o no, como sociedad y cultura, teatro, cine o cómic. Allí, pudimos conversar con Pere Joan (Mallorca, 1956), uno de los dibujantes de cómic más internacionales de nuestra isla, quien nos habló de novela negra y cómic, su último trabajo y sus personajes fetiches. Joan, colaborador en La Vanguardia, El Pequeño País, TBO, Viñetas, Cavall Fort, dirigió, junto al también dibujante Max, la revista de cómic internacional de vanguardia NSLM (Nosotros somos los muertos).
¿Qué puntos en común tienen la literatura y el cómic?
Son dos medios de narración. Para mí, el cómic ha tenido la ventaja de ser más libre por que ha tenido menos perjuicios al no ser alta cultura. Hoy en día, todos beben de la misma fuente, de las narraciones, de lo que pasa y la creatividad. El cómic puede tirar más hacia lo gráfico y la literatura más hacia las ideas. Pero básicamente es lo mismo.
La novela negra, ¿crees que se acerca más al cómic?
Tienen algo en común y es que desde hace un tiempo ha sido un medio menor al igual que el cómic; así como la novela de aventuras y el género negro durante un tiempo han sido consideradas menores, ahora ya no. En este punto, autores de literatura de aventuras como Pérez Reverte y muchos autores franceses han dignificado la novela negra como cultura.
Un personaje como el detective Marlowe, ¿pudo haber sido un buen personaje de cómic?
Bueno, se han hecho adaptaciones o versiones más modernas. Tiene una gran ventaja y es que en la literatura no es normal que los personajes duren en serie, en el comic no ocurre lo mismo. Para mí, lo que no se pueden hacer es repetir los tics de los 50’s, que es el mejor escenario para ambientar la novela negra. Por ejemplo, el detective de cómic Alack Sinner está adaptado en el Nueva York actual; que es lo más parecido a las novelas de blanco y negro en la actualidad. Para mí, es de lo mejor que se ha hecho.
¿Crees que para dibujar hay que haber leído mucho?
Yo no se si antes era así. No se si Ibáñez de Mortadelo y Filemón ha leído mucho. Pero hoy en día casi todos los dibujantes de cómic han pasado por escuelas de arte, aunque no es imprescindible. Ahora, estamos atentos tanto a la literatura como a la última serie de televisión. Antes era un trabajo más artesanal y ahora los referentes son mayores, tanto literarios como cinematográficos.
¿Qué crees en esencia que es un cómic? ¿Es algo orgánico?
Para muchos casos es un medio de vida, para otros es una necesidad orgánica, es expresiva. En mi caso, yo soy de los de cómic de autor, digamos que parto de la necesidad de aportar algo nuevo. Ocurre que en muchos casos no puedo publicar los cómics que me gustaría, por eso trabajo de ilustrador, de encargo.
Tras una trayectoria como la tuya, ¿en qué punto te encuentras ahora?
Me he volcado más en la ilustración. He pasado por la fase de editor junto al dibujante Max y ahora me encuentro en el punto de crear una nueva obra. (El último trabajo fue hace tres años). La verdad es que cada vez más tiendo a un cómic desestructurado. (risas). Nunca he sido partidario de planteamiento, nudo, desenlace. Tiendo más a la poesía que a la narración clásica y esto es difícil de conjugar en el mercado.
¿Cuál crees qué es el punto de arranque de un personaje? ¿Se parece al de un guionista?
Yo a veces he partido de noticias de prensa, de anécdotas y también de ideas. Un vez me planteé hace un cómic desde hasta donde llega la identidad humana, comiéndose un dedo y otro. Esto es partir de una idea, no de una anécdota. Mi último trabajo nació de diferentes noticias de prensa. Lo que pasa es que luego siempre lo vuelcas a tus neuras, a tus aficiones, a lo que en realidad quieres contar tú.
Hablando de neuras, ¿crees qué el inconsciente también es un buen punto de arranque?
Para mí es básico. Como no entendemos en esencia lo que pasa, hay que hacer historias que no necesariamente sean entendible del todo. Por ejemplo, para un no lector de cómic, prefiero un error de David Lynch que un acierto en el capítulo 124 de una teleserie. Me resulta más interesante las personas que bucean en el inconsciente, como Dalí. En mi caso, incluir sueños en mis narraciones sin ser demasiado evidente, como los bocadillos que no tienen letras, si no imágenes.
¿Has utilizado los sueños oníricos como denuncia?
Mi último trabajo, “Azul y ceniza” (2004) es una mezcla de ambas cosas en casos de gente que sacrifica su vida por ideales imposibles. Una de las historias es la de un terrorista que pone una bomba en el Aeropuerto de Palma, casos que saqué de la literatura, como la poetisa Sylvia Palth, o un camicace frustrado por que no había conseguido morir. Todo esto lo mezclé con una gran parte onírica y conceptual y salió un cóctel que no se si fue un poco pesado (risas).
En “Azul y ceniza” utilizas el color…
Comencé en los 80´s publicando en b&n, pero yo soy más de color. Me siento más efectivo y más cómodo utilizando temperas, por ejemplo. Aunque en esta obra el color es informático, hecho por indicaciones mías. En esta obra, el color tiene una gran simbología, el personaje azul, por ejemplo, es el hilo conductor de toda la historia.
Esta obra, ¿parte de tu última exposición?
Lo llamé “Azul y Ceniza”, coincidiendo con el último álbum. Básicamente es una retrospectiva de mis últimos 14 años como dibujante. El azul representa la parte más luminosa de mi trabajo y la ceniza la más inconsciente.
¿Y tus próximos proyectos?
Ahora estamos cerrando el último número de la revista “Nosotros somos los muertos”, que hemos editado durante 13 años en una pequeña editorial. Este número va sobre cómic de autor. Y continúo haciendo mis pequeños dibujos a lápiz, que es mi parte más íntima, y pensando en un proyecto más grande tipo álbum sin tanta ilustración pequeña. La verdad es que siempre me debato entre este tipo de cosas, ilustración y narración. (risas)
* Entrevista realizada a Pere Joan en un medio impreso en Palma de Mallorca hace algunos años y rescatada para mi blog.